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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Tiempo

Hace tiempo tuve tanto miedo de perder el tiempo
(y soy tan desastre, lo pierdo todo),
que lo acabé repartiendo por ahí.
Y ahora estoy en deuda de horas y minutos contigo.
     Tenía miedo de perder mi tiempo
y se lo di  a otros, para que me lo guardasen.
Y ahora peleo para que me lo devuelvan
(y no es fácil).
      Exijo que me devuelvan cada minuto y cada segundo
invertido en fondos de escasa rentabilidad
que no me ofrecen, ni siquiera, una esperanza
de futuro, como la que me ofreces tú.
      Ahora que me he dado cuenta de que
no se puede ahorrar el presente
y que lo único que se puede almacenar es el pasado
y sólo sirve como lastre, exijo que me devuelvan mi tiempo.
      No lo quiero para mí, sino para gastármelo en ti.
Para invertirlo en lo único que merece la pena.
Para darte las horas, los minutos, los segundos,
los lugares, las palabras:
el tiempo y el espacio y los poemas que no son poemas.
     Porque no pienso que esté perdiendo el tiempo contigo,
sino ganándolo.

sábado, 28 de agosto de 2010

Ortega y Gasset

Ortega y Gasset fue uno de los mayores pensadores españoles del siglo XX
y no le gustaba la poesía.
A Ortega y Gasset le costaba creer que alguien pudiera dedicar en serio su tiempo a leer o escribir poemas.
Quizá Ortega y Gasset y tú seáis demasiado inteligentes para la poesía.
Quizá hay un límite por encima del cual no se aprecie la poesía:
Quizá sea necesaria cierta dosis de ñoñez y cursilería
para que uno pueda leer o escribir poemas sin sonrojarse.
Quizá la inteligencia mate a la poesía
igual que el conocimiento mata al amor.
Hay quien dice que el enamoramiento se acaba cuando
se conoce de verdad quiénes son esas otras personas.
Pero, en realidad, nunca tenemos ni puta idea
de lo que hay en la cabeza
de las otras personas.
No tenemos ni idea,
por eso hay esperanza.
Por eso y porque, además,
Ortega y Gasset
era un jodido elitista.

martes, 24 de agosto de 2010

No soy yo

No hagas caso de mis palabras:
mis palabras no son yo.
No hagas caso de mis acciones:
mis acciones no son yo.
No me hagas caso
porque yo tampoco soy yo.

jueves, 12 de agosto de 2010

La frontera

Veo la frontera, el límite, el lugar hasta el cual puedo llegar.
Y tú estás al otro lado de ella, más allá.
Quizá no demasiado lejos, pero sí al otro lado,
más allá del check point.
“Hasta aquí puedes llegar”, me dicen esos cabrones.
A veces podemos acercarnos, cada uno a nuestro lado de la alambrada;
escucharnos y entendernos,
porque parece que se habla el mismo idioma
en nuestros respectivos territorios.
Pero otras veces no.
Hay palabras secuestradas, palabras que no llegan
y palabras que llegan al otro lado violadas y preñadas de significados bastardos.
El lenguaje, violado por la Policía de mi mente que no me deja pasar al otro lado.
Quizá nuestros dialectos no sean tan parecidos. Quizá, simplemente,
no hablemos lo suficientemente alto y claro. Hay mucho ruido.
Quizá me he quedado callado.
Quizá te has quedado callada.
O, quizá, nos empeñemos en utilizar una lengua muy antigua
que yo nunca aprendí del todo y a ti se te está olvidando.
Me gustaría entender todo tu mensaje
y, al mismo tiempo, que tú me comprendieses siempre.
Seguramente eso será imposible, pero,
en todo caso, me gusta escuchar tu voz.

miércoles, 28 de julio de 2010

Lastre

Cada vez que quieras
salir volando por la ventana estaré allí, lastre de tu voluntad,
para recordarle a la gravedad

que tiene que tirar de ti hacia abajo
a nueve metros por segundo y dejarte chafado
contra el suelo, a mi lado. ¿Recuerdas

que una vez me pediste que no me fuera?
te hice caso.  Al final me quedé y puedes verme dibujada
en esas líneas retorcidas de tu cerebro

y en cada uno de los espejos enfermos
que hay en tu habitación
y me ves siempre que te asomas

y ya no te gusto
y ya no te gustas

martes, 13 de julio de 2010

Las mejores palabras

Debería quedarme callado:
las mejores palabras son las que no digo.
Soy mejor en silencio que en significado.
Puedes imaginarte que mi silencio significa algo,
por oposición. Puedes llegarte a creer lo que no soy,
y yo no diré nada, para que sigas creyendo
que aún me quedan palabras.
Debería quedarme callado
y no contaminar con el CO2 asqueroso
de mis sílabas el poco aire que nos queda.
Cualquier cosa que diga revelará la mala ortografía de mis pensamientos,
los vicios, los renglones torcidos y, por supuesto, será utilizado en mi contra
Debería quedarme callado y no forzarte a que me eches de una vez de tu cuarto.
Si hablo, igual digo un conjuro al revés y desaparezco.
No dejes que hable. Baja las persianas de tu cuarto y no dejes que hable.
Abrázame, y protégeme de los agresivos ruidos de la mañana, del sol y de mi propia voz.

jueves, 1 de julio de 2010

Hago lo que puedo

Es muy malo, pero es lo que  hay.
Hago lo que puedo.


Hago lo que puedo
Sergio López, 2010


Estoy intentando domesticar
mis fantasmas
pero no me sale: no soy lo bastante
difícil,
y he vertido,
encima de tu vestido nuevo,
mi copa de vino agrio y mediocre.
Y les he decepcionado a todos:
a los camareros, a mis acompañantes,
incluso a la banda
(que ha parado de tocar).
Y te he decepcionado a ti,
que sales corriendo del bar,
otra vez,
fingiendo una excusa
indulgente.
(Por lo menos no me mientas).
Puedes salir corriendo,
Puedes quedarte con tus orgasmos,
con tu sonrisa inhumana,
con los sueños premonitorios,
con tus vestidos horrorosos,
con tu sudor y con tu perfume,
y dejarme a mí solo
con mi borrachera de mí mismo,
clausurarme, de una vez por todas,
e insultarme (aunque tú creas que no me insultas),
diciéndome que, al menos,
hice lo que pude.
Sí. Hago lo que puedo
pero es muy poco,
por lo que parece,
y cada vez será menos.
Cada vez seré menos difícil y más viejo,
mayor y más yo.
Seré una dosis cada vez más pura
de mi propia esencia
y aunque intento rebajarme con alcohol,
seguiré oliéndote a vino agrio y mediocre
en tu vestido
(que ya no será nuevo).

miércoles, 2 de junio de 2010

El bus de la 1:30

Esto lo escribí en octubre del año pasado en alguno de los innumerables viajes nocturnos en autobús que me pegué entre Madrid y Bilbao o Bilbao y Madrid. Ahora casi los echo de menos y, de hecho, es probable que vuelva a hacer en breve esa misma ruta. Allá va. Si no os gusta, me da igual.

El bus de la 1:30

Todos los viajes son iguales
en el bus que sale a la una y media

El desconocido de al lado sigue siendo el mismo,
mi compañero forzoso.

Sigue en su sitio la estación de servicio
y el área de descanso.

La misma soledad
y el aire acondicionado,
demasiado frío

La voz del conductor
que dice que el cinturón es obligatorio
y, con una pausa dramática, añade:

”por favor,
abróchenselo”.
Resulta convincente.

La película,
que siempre es la misma.

Los dibujos de la tapicería, que parecen
hechos por el mismo niño de tres años

Y, siempre, aquella chica de ojos verdes.
Nunca hablas con ella.
Te aparta la mirada

y sólo queda
la intimidad de su sueño violada
por unos ojos que no volverán a verla.

Y el cielo frío en el cristal negro:
siempre me cojo ventana
para ver las montañas apagadas.

Y el asiento duro,
como un saco de dormir al que le hubieran vaciado
de sueños. Como un trozo del paisaje.

Y, debajo, el mismo planeta, redondo,
rotando bajo las ruedas
a 120 kilómetros por hora.

Este conductor va siempre muy deprisa,
pero parece un tipo de confianza.
Nuestro guía para surcar la noche.

sábado, 29 de mayo de 2010

La versión de ti que vive en mi cabeza

La versión de ti que vive en mi cabeza



La versión de ti que vive en mi cabeza,

he de decirte,

es mucho mejor que tú.

Es más guapa, más lista, más sincera.

Pero yo, de todas maneras,

te prefiero a ti.



Entre tú

y la versión de ti que vive en mi cabeza

me quedaría mil veces contigo.



Si supiera en que parte de mi cerebro vive

la versión de ti que vive en mi cabeza

iría allí con un bisturí

y la desahuciaría.



Y es que

la versión de ti que vive en mi cabeza

no me deja ni un minuto en paz.

Se acuesta conmigo,

se levanta conmigo.

Es más guapa, más lista y más sincera

que tú,



pero tu versión de carne y hueso

folla mejor

miércoles, 6 de enero de 2010

De lo mío

De lo mío

Fui a la oficina el mismo día que daban el dato:
España es ya un país con cuatro millones
de paredes.
No hay salida.
No hay salida. No hay nada
de lo tuyo, me dijo la funcionaria.
–Desde que llevo en esta oficina,
no hemos tenido nada de lo tuyo–,
añadió. Intentaba animarme
y me dijo que probara de otra cosa,
pero yo sólo sé de lo mío,
me temo,
le dije.

El caso es que hay gente que conozco,
amigos míos, que están trabajando de lo nuestro.
Así que les pregunté.
Son gente con más talento
y mucho más lista que yo,
es cierto.
Pero eso no era la razón de mi situación.
Es problema es que yo quería vivir de lo mío,
y resultaba que ellos,
para trabajar de lo suyo,
estaban pagando.
Entonces vi claro dónde estaba el negocio.