martes, 15 de julio de 2008

Burbuja pinchada y platos rotos



Había algunos que, aún sin presumir de economistas, sabían que algo iba mal. Se les tachaba de cenizos.

La doctrina oficial era que la vivienda era la gallina de los huevos de oro, un activo que subía continuamente de precio. Una inversión segura para los que se lo querían llevar crudo sin trabajar demasiado. Los ahorros de toda la vida, la herencia de la abuela, un décimo premiado... podían convertirse en una fortuna si se cambiaban por ladrillos y se esperaba unos cuantos añitos. Lo de la burbuja inmobiliaria era un invento de anarquistas y rojos y, como no existía, nunca iba a pinchar.

La doctrina oficial era también que la vivienda es parte del mercado y que el Estado no debe intervenir en el mercado... porque el mercado ...trrrrrrrrtachán: SE AUTORREGULA.

Pues bueno; el mercado, por fin se ha autorregulado. Tras unos cuantos años de mantenerse hinchada de manera artificial de la burbuja inmobiliaria, el mercado se ha autorregulado. ¡Bravo!Lo que pasó ayer con Martinsa en su consejo de administración y en la bolsa de Madrid fue un magnífico ejemplo de autorregulación. ¡Hurra!

Parecía que la burbuja era un bulo de rojos y anarquistas, pero resulta que su comportamiento era predecible ajustándose a las más elementales leyes capitalistas de la oferta y la demanda.

Lo que pasa es que ahora los platos que ha roto la onda expansiva del pinchazo no los pagan los popes del libremercado, como "autores intelectuales". Que va. Lo pagamos el Estado y todos y cada uno de sus 46 millones de accionistas. Los trabajadores suspendidos de pago tendrán unas vacaciones forzosas y pedirán cuentas. Y los pequeños ahorradores van a perder pasta en pisos que no van a lograr colocar hasta que los bajen a la mitad de precio, también van a pedir cuentas (al igual que lo hacen los de otros timos parecidos: Fórum y Afinsa).

El señor del foto-collage de arriba seguramente ande muy disgustado, y, con toda probablilidad, también se tomará unas vacaciones. Unas buenas vacaciones a todo trapo para olvidarse del batacazo y para desparecer y dejar el protagonismo, en estos momentos de zozobra, al Estado y a unos servidores, que para eso estamos.

¿O no? El Estado tiene que pagar los platos rotos de Martinsa, porque los platos eran del Estado, no de Martinsa. Es el Estado quien pone y quita la legislación sobre el suelo y el que debería encargarse de que ésta se cumpla. Y nosotros tenemos que pagar los platos rotos del Estado porque somos nosotros los que ponemos y quitamos a los gestores del Estado y los que deberíamos encargarnos de darles el toque cuando su gestión no está siendo buena (o, directamente, no está siendo).

Los platos rotos los vamos a pagar nosotros, y con razón. Por peleles, por borregos, por dejarnos llevar por donde nos decían. Era responsabilidad de la sociedad plantarse y decir: "¿qué cojones es esta locura? ¿Quién va a comprar tantas casas... y a estos precios? ¿Por qué no diversificamos y metemos dinero en otras cosas... en TI, como los irlandeses?"

Era responsabilidad de la sociedad española decir eso. Unos cuantos clamaron en el desierto... mientras que la mayoría bostezaba y esperaba que le arreglaran la vida poniéndose en manos de señores como el que abre la página. Si es que casi me alegro de lo que está pasando.

1 comentario:

Blanche dijo...

si es que acabaremos acampando en el retiro
... con las tiendas que venden ahora y un camping gas yo estoy mejor que en la moraleja. besos